Quizá pocos hayan reparado en que el despliegue realizado por el Ejército en apoyo de la lucha contra el Covid-19 lleve el nombre de “Operación Balmis”.  Sin duda es una denominación  acertada, ya que alude a la epopeya de uno de estos ilustres personajes que frecuentemente da nuestra España y que, lamentablemente, también con frecuencia olvidamos.  La historia de la Medicina está llena de hechos notables, dignos de servir de inspiración para una novela.   Uno  estos hechos tuvo lugar a comienzos del siglo XIX y fue de la mayor importancia para la salud pública de América y Asia. Se trata de un relato inaudito e incluso, para la sensibilidad de nuestra época, algo truculento. La expedición del Dr. Balmis, o Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, constituyó un hito crucial en la lucha contra la viruela en el territorio de las colonias de la América española y aún más allá: hasta Filipinas y la China. Esta enfermedad,  erradicada desde los años ochenta del siglo XX, ha causado una terrible mortandad en todo el mundo, particularmente entre los nativos  de América tras la colonización, ya que no existía inmunidad natural. Se atribuye a Eward Jenner (1749-1823) la técnica de  inoculación de una forma leve de viruela vacuna a los humanos para prevenir la infección por la letal variante humana. Aunque no se conocía su fundamentación científica, se impuso la vacunación en toda Europa. Sin embargo, en América no existía la viruela bovina, ni había medio para llevarla desde Europa, por lo que era imposible proteger al ingente número de indígenas que morían. Francisco Javier Balmis y Berenguer (Alicante, 1753 – Madrid, 1819),  médico de la Corte de Carlos IV,   tuvo la idea de transportar a América un inóculo vacunal conservando su viabilidad mediante su trasmisión, durante el viaje, entre niños elegidos de entre varios orfanatos.  Tras obtener el permiso real, en noviembre de 1803 zarpaba de la Coruña la  corbeta Maria Pita, en la que viajaban unas 40 personas, entre ellas 22 niños huérfanos de entre tres y nueve años. Después de muchas vicisitudes, la expedición logró llevar la vacuna a Canarias, a las costas oriental y occidental de América y a Filipinas, llegando hasta la China. Tras arribar a Méjico reclutó a más huérfanos para cruzar el Pacífico.  De los niños de la expedición original se sabe que sobrevivieron todos a la travesía y muchos fueron adoptados por familias criollas,  pero poco más conocemos de su aventura personal.   Balmis  regresó a España en  1806, sufriendo múltiples penalidades y muchas incomprensiones. Esta gesta mereció los elogios de muchos contemporáneas, incluso del mismo Jenner así como del ilustre  científico y expedicionario Humboldt, que la calificó como “el viaje más memorable en los anales de la Historia”. Confiamos en  que, a semejanza de los grandes hitos  de la historia de la humanidad, podamos ahora ganar una batalla más contra la enfermedad.  Se hará gracias al espíritu de beneficencia universal que guío a Balmis,  que trasciende a las posibilidades tecnológicas de cada época, empleadas adecuadamente por  la inventiva y perspicacia del ser humano.

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