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¿Pastillas y palabras?

Manuel Álvarez Romero. Presidente de la SAMP / Director del Centro Médico Psicosomático

Ya en clase de Farmacología nos enseñaban a formular el plan terapéutico de nuestros pacientes contando con recursos higiénicos dietéticos y medicamentosos. En  mi caso fue el Prof. Gabriel Sánchez de la Cuesta quien enfatizaba cada uno de los apartados y su valor según el proceso y el paciente concreto.  Así se posibilitaba la Medicina Personalizada de nuestros pacientes.  Mucho nos ha servido este protocolo para no olvidar algún “cabo suelto” del tratamiento preciso.

El Paradigma Psicosomático, considera los aspectos bio-psico-socio-eco-espirituales en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes y viaja por los campos de las recomendaciones higiénicas (reposo, trabajo, postura, sueño, calor o frio, fisioterapia, etc…), por los correspondientes a la dietética (hidratación, regulación de electrolitos, ración y cualidad alimenticia o nutritiva, distribución de comidas, etc…), por los aspectos ecosistémicos o las actitudes derivadas del buen o mal uso de la libertad, y, en fin, los  recursos medicamentosos si es que proceden.

En un orden similar es preciso abordar al paciente con un talante de acogida, mirada amable, actitud interesada y en el fondo con disposición amorosa.  Bien afirmaba Laín Entralgo que en la relación médico-enfermo se da el encuentro entre dos menesterosos, uno que necesita ser curado y otro que desea curar.

Siempre es precisa la escucha amorosa y atenta en el encuentro con nuestros pacientes.  De ahí el acierto del clínico y maestro Gregorio Marañón al señalar la silla como el primer instrumento a valorar en la consulta a un paciente, sea ambulatorio o encamado.  ¡Da tanta paz, confianza y capacidad de relación esa actitud que derrocha paciencia e interés!

Así podremos entrar en la intimidad de la persona doliente, en sus temores e ilusiones y podremos aplicar el tratamiento que suponen nuestros gestos y palabras, las recomendaciones terapéuticas y los fármacos oportunos.  Y siempre presente el viejo lema de nuestros antiguos colegas “Primun non nocere” ¡lo primero no dañar!

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