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“Razones para vivir: primero el médico”

Temática: Cuestiones básicas para una vida práctica y satisfactoria

Una de las cuestiones principales para el ser humano es que su vida va más allá de lo que implica la básica supervivencia, incluso desde los más instintivo, más animal o más irracional. La persona se preocupa de alimentarse, luchar o escapar ante lo que ponga su vida o integridad en peligro, a descansar lo que le permita el entorno, manteniendo sus funciones vitales, y, con cierto nivel de socialización, la oportunidad reproductiva (que puede llegar a ser muy muy instintiva).

Si el sujeto se apalanca en este estado primario, encuentra dificultades de adaptación para las relaciones sociales a menos que le sirvan de forma evidente en sus propios instintos. Puede encontrar la felicidad en este nivel de auto exigencia (seguro que conocéis gente feliz que son así). En el nivel más humano (no me atrevo a decir superior, aunque evolutivamente sea así), las necesidades van más allá de lo instintivo, en una búsqueda para encontrar y tener aquello que les proporcione una felicidad evolutiva: desde el propio desarrollo personal, profesional, social o hasta el monetario, como ente que puede llegar a constituir entidad propia.

En esa búsqueda de la realización personal es donde la persona puede encontrar sus faros de razón de vida y algunas, desgraciadamente, las de muerte (no sólo la física, sino la emocional). En el caso más positivo (querer vivir), vamos a ir mostrando las claves aplicables y posibles en cada persona, empezando por uno mismo.

Conocer las razones de vida constituye una de las armas más importantes e interesantes para el ser médico.  Cuando el médico conoce sus razones principales de vida y se motiva por ellas, será un profesional motivado. Así, tenemos uno de los pilares de la profesión en el que se cumple la ley de la gravedad de “a mayor motivación por ser buena y mejor persona, mejor médico”. Por tanto, no se cumplirá sin ganas de trabajar para ser mejor persona desde el objetivo de tratar y ayudar a otras personas que nos necesitan, desde ese respeto igualitario que no debe olvidar reconocer el esfuerzo.

La excepción es posible con “los grandes técnicos de la Medicina, que no médicos (dicho sin ofender, aunque tengan éste y otros muchos títulos; referenciado sólo como puro hecho observable y descriptivo)”. Aquí encontramos la cerilla de la desmotivación profesional que pueden llevar a conocidos síndromes como la fatiga de compasión, de desgaste profesional, etc. Y aunque lógicamente el entorno es una causa primordial en la génesis de estos trastornos, cuenta, y mucho, lo que hay dentro del médico. Porque si a pesar del entorno, el médico tiene en sus razones de vida ayudar a esas personas llamadas enfermos, tendrá un importante escudo protector ante los agentes agresivos del mundo exterior.

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